El apego ansioso es uno de los motivos de consulta que más me encuentro como especialista en ansiedad. Cuando hay ansiedad en las relaciones, una de las razones suele ser que uno de los miembros (normalmente el que acude a consulta) tiene un estilo de apego ansioso y no sabe cómo dejar de sentirse mal. Si este es tu caso, en este post vas a encontrar muchas respuestas.
¿Qué es exactamente el apego ansioso?
El apego ansioso es uno de los cuatro estilos de vinculación afectiva que establece la teoría del apego. Lo llamamos «ansioso» porque es la emoción que aparece cuando la persona se siente insegura en un vínculo. Pero vamos más despacio.
Durante los tres primeros años de vida, un bebé aprende a vincularse con sus padres en función de lo disponibles que estos se muestran para atender sus necesidades.
Si los padres atienden adecuadamente sus llantos, sus necesidades de alimento, protección, cariño, juego, reparación, etc. el bebé desarrollará un apego seguro, o lo que es lo mismo, integrará la creencia básica de que las personas que le quieren están disponibles y dispuestos a cuidarle y hacerle mantener a salvo.
Ahora bien, si por lo que sea, esos padres no logran dar al bebé lo que necesita, esa creencia básica no se integra adecuadamente y el bebé no desarrolla la capacidad de sentirse seguro en esos vínculos. Desarrolla un apego inseguro.
Y a partir de aquí, en función de las carencias que tiene el bebé, generará unos comportamientos u otros, con el fin de reclamar la atención y cuidados que le faltan de sus padres (apego ansioso) o dejar de necesitarlos (apego evitativo).
¿Cómo aparece el apego ansioso cuando somos adultos?
Cuando ese bebé se hace adulto, sale al mundo con el aprendizaje que ha construido en sus vínculos anteriores. De una manera inconsciente, da por hecho que las personas no suelen estar demasiado disponibles y que en ocasiones tiene que pedir el afecto o la atención que necesita, así como que de alguna forma debe «convencer» a la otra persona de que debe quererle como necesita.
Así, el apego ansioso, se manifiesta con características como las siguientes:
- Una sospecha o miedo constante de que el otro pueda abandonarle, lo que le lleva a sobreanalizar sus comportamientos en busca de señales de alarma y a vivir en constante alerta.
- Una necesidad grande de señales claras y explícitas de que el otro tiene interés en estar con él o ella, lo que le lleva a dudar de las intenciones del otro si esas señales no son claras y a demandar más compromiso o implicación en el otro.
- La aparición de ansiedad cuando las dos primeras condiciones no se cumplen porque el apego ansioso no encuentra la forma de sentirse seguro ya que necesita constantes pruebas de que el otro sigue estando disponible e interesado.
- Aparición de conductas protesta orientadas a llamar la atención o «acercar» emocionalmente al otro pero emitidas desde el ataque o la defensividad, como reprochar comportamientos, tener broncas o pataletas, provocar celos a propósito, castigarle con ausencias o de cualquier otra forma.
- Sensación intensa de que se preocupa en exceso por la relación, que dedica demasiado tiempo y espacio mental a pensar en ella y en la otra persona, y que no tiene capacidad para poder dejar de hacerlo.
Debemos tener en cuenta que este sistema funciona seamos conscientes o no de ello, por lo que muchas personas con comportamientos como los anteriores no son conscientes de por qué hacen lo que hacen. 
Tenemos que entender que una persona con estas conductas está tratando de cubrir su necesidad básica de seguridad afectiva y que es la manera en la que lo hace lo que termina siendo problemático y desembocando en relaciones tóxicas o dañinas, y no su estilo de apego en sí mismo.
El apego ansioso ha sentido en su crianza que sus padres no estuvieron todo lo que los necesitó, y eso le asustó y le generó carencias. Por eso de adulto, necesita que en sus relaciones haya transparencia, constancia y afecto explícito. Hablaremos de esto más abajo.
¿Por qué tienen tantas parejas evitativas? ¿Las atraen?
Dejando de lado las explicaciones místicas o espirituales, la explicación que nos da la psicología es que las personas tendemos a reconocer y acercarnos a aquello que conocemos o nos es familiar.
Si el apego ansioso ha integrado que las personas están «disponibles a medias» y que las relaciones son dolorosas o angustiantes, de manera inconsciente será con este perfil de personas con las que tenderá a relacionarse, sintiéndose raro, aburrido o simplemente no atraído hacia otras.
Y no es que le atraigan o le gusten conscientemente porque sufre mucho al lado de esas personas, es que no conoce otra forma de funcionar y no identifica como señales de peligro comportamientos que deberían serlo porque ha convivido con esas actitudes y comportamientos antes y los ha normalizado de alguna manera.
Así, el apego ansioso, se ve envuelto en un patrón de relaciones con personas poco disponibles en las que sufre mucho, pero se queda porque no entiende qué ocurre y no tiene herramientas para hacer las cosas de otra forma, esperando que esta vez sí, la otra persona entienda lo que no pudieron entender sus padres, y le cuide y quiera como necesita.
Como en el día de la marmota, sigue repitiendo patrones con la esperanza de cambiar el final de esa película, sin conseguirlo.
¿Qué necesita un apego ansioso en sus relaciones?
Como estarás empezando a intuir, un apego ansioso necesita básicamente seguridad emocional en sus relaciones, pero, ¿cómo podemos dársela?.
Lo primero y más importante, la claridad. Evitar mensajes o comportamientos ambiguos, contradictorios, «a medias». Expresar lo que se quiere decir con claridad y sin medias tintas, sobre todo si se habla del vínculo, de la relación o de aspectos de cualquiera de los miembros.
En segundo lugar, estabilidad, constancia, coherencia. Procurar en lo posible ser coherente entre lo que se dice y se hace, y mantenerlo en el tiempo. Si le decimos que es muy importante para nosotros pero nuestro comportamiento dice lo contrario porque invalidamos cómo se siente o directamente lo negamos, haremos saltar sus alertas.
En tercer lugar, comunicación fluida. Tal vez el punto más importante de los tres. Comunicar siempre cómo nos sentimos, con asertividad y cariño, incluso cuando hay enfados o discrepancias, comunicar. No hacerlo es otra forma de disparar su inseguridad y dudas.
Y en cuarto lugar, aprende a poner límites sanos. Sobre todo si el apego ansioso no es consciente de su problema. Los límites también dan seguridad porque informan al otro de las «normas» que funcionan para ti y qué puede esperar si no las cumple. Recuerda que empatizar con su situación es necesario pero debes acompañarlo con tu autocuidado. Empatizar nunca debe significar tolerarlo todo.
Hay muchas otras formas de generar esa sensación de seguridad en la otra persona. Te invito a que investigues por tu cuenta o te apoyes en manuales sobre el tema.
Aún así, no será suficiente con que el otro aprenda a entender y manejar nuestro apego ansioso, también nosotros tenemos trabajo que hacer.
¿Cómo sanamos o curamos nuestro estilo de apego?
Lo primero de todo, como dije arriba, entiende que tu estilo de apego no es una enfermedad, no es algo que «curar». Pero sí es algo que debes conocer y aprender a gestionar. Así que voy a darte unas cuantas indicaciones para que empieces con ello:
- Conoce tus necesidades y tu funcionamiento. Atiende a las señales de tu cuerpo. Si algo te hace sentir mal, no te lo niegues, mira qué se está «moviendo» dentro de ti porque en esas sensaciones hay mucha información sobre quién eres, qué está ocurriendo y qué necesitas.
- Deja de culparte por los problemas en el vínculo. Caemos muchas veces en señalar al culpable del malestar en el vínculo pero la culpa no resuelve problemas y en cuestiones de apego, no hay culpables. Ni el evitativo «que no le importo suficiente» ni el ansioso «que es demasiando intenso». Son dos personas con necesidades afectivas distintas que deben entender y respetar.
- Pon el foco en ti, en qué necesitas tú y no en qué necesitas hacer para que el otro te quiera. La mayoría de apegos ansiosos con los que trabajo llegan a consulta dispuestos a hacer lo que sea para que la otra persona no les deje, llegan con mucho sentimiento de culpabilidad y con mucho miedo a que la relación se termine por su culpa. No se dan cuenta que tratando de evitar un abandono terminan abandonándose a sí mismos.
- Trabaja creencias que arrastras dentro de ti. El estilo de apego ansioso se acompaña de muchas creencias sobre lo que deben ser o no las relaciones, lo que podemos esperar o cuál es nuestro papel, creencias sobre nosotros mismos, quiénes somos y aquello que creemos que merecemos. Todo ese entramado de creencias dirige nuestro comportamiento, seamos conscientes o no, por lo que identificarlas y trabajarlas nos ayuda a quitarles el poder y elegir con libertad cómo queremos comportarnos.
- Trata de rodearte de personas con apego seguro. Se cree que la manera más fácil de «reparar» un apego ansioso, devolverle la seguridad y corregir todos los aprendizajes desadaptativos que arrastra, es estableciendo y cultivando vínculos seguros que perduren en el tiempo. De alguna forma, experimentarse a sí mismo en esos vínculos le proporciona nuevas formas de funcionar, apoyo y comprensión, nuevas herramientas, y sobre todo, contradice todo lo que siempre había creído sobre los vínculos.
- Ve a terapia. Llevar a cabo los puntos anteriores es complicado. Contar con la ayuda de un profesional te va a permitir encontrar un lugar seguro donde poder tratar el tema sin juzgarte ni culparte, te ayudará a entender lo que te ocurre y a dar sentido a muchas de las preguntas que ahora mismo no tienen respuesta. Además, el vínculo con tu terapeuta es un vínculo de apego seguro, uno de los primeros que necesitas para empezar a romper tus patrones, sobre todo si sientes que las personas de tu entorno no terminan de entenderte.
Mi consejo como profesional es que no te rindas, se puede ser muy feliz en una relación teniendo un apego ansioso. Solo hay que saber cómo.
